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El alma de la fiesta: la peligrosa química del éxtasis

por el Dr. Hernán Biava @herbiava
La tragedia ocurrida días pasados donde, en una fiesta electrónica, donde cinco personas perdieron la vida tras haber consumido drogas sintéticas, pone de nuevo en evidencia la importancia de difundir el conocimiento científico entre los jóvenes. Conocer los efectos nocivos que ocasionan las sustancias químicas ilegales- además sintetizadas sin las condiciones de control y pureza adecuadas- puede ser una buena manera de salvar vidas. Y los científicos podemos ayudar en esta misión.

El éxtasis, científicamente conocido como MDMA o  3,4-metilendioximetanfetamina, es una droga sintética cuyo uso recreacional se ha conocido desde la década del 80 y ha estado típicamente asociada a clubes de música electrónica. Su amplia expansión se debió a que puede sintetizarse de manera relativamente sencilla a partir de precusores químicos baratos y en laboratorios caseros, operados muchas veces por estudiantes de carreras científicas con conocimientos básicos de química orgánica. El material de partida que se utiliza es el safrol, un compuesto constituyente de varios aceites esenciales vegetales. La cultura popular, como la serie televisiva Breaking Bad, ha promovido este tipo de actividades ilícitas. Según la Administración para el Control de Drogas en los Estados Unidos, un gramo de safrol cuesta alrededor de 15 dólares y se pueden llegar a producir 5.000 pastillas de éxtasis que se venden a 50.000 a 100.000 dólares.

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En los últimos años han surgido moléculas que derivan del éxtasis y cuya síntesis química se lleva a cabo de manera muy similar. El PMA -fenoximetilanfetamina o Superman– y el PMMA -4-metoxi-N-metilanfetamina o Pink Mitsubishi– son las más conocidas. Todas ellas tienen algo en común: son derivados de las anfetaminas y se suelen comercializar ilegalmente en forma de pastillas de colores con diversas formas que hacen alusión a superhéroes o marcas reconocidas. Sus efectos son similares pero varían en intensidad y duración según sea la estructura química y el metabolismo de la persona que los consume. Son drogas psicodélicas ya que los colores y los sonidos se perciben de forma más intensa y es por eso que son tan populares en fiestas con música estridente y luces resplandecientes.  Otro efecto muy frecuente es una sensación de afinidad fuerte con las demás personas. De allí que veces se señale al éxtasis como la droga del amor.

Pero químicamente, ¿cómo funcionan estas sustancias? Lo que hacen es incrementar la producción de serotonina y dopamina, hormonas que se relacionan con la memoria, el placer, el buen humor, y que al producirse en grandes cantidades se acumulan en el cerebro, con lo que las neuronas comienzan a alterarse y destruirse. Cuando el efecto de la droga desaparece, el exceso de serotonina y dopamina se vuelve una falta de ellas, lo que ocasiona dificultades para dormir, aprender, recordar, sentirse bien, aparecen síntomas de depresión, ansiedad y en caso de adicción prolongada, daños cerebrales irreversibles.

Drogas

Pera tal como lo evidencia la tragedia de la fiesta electrónica Time Warp en Costa Salguero, el consumo de estas drogas sintéticas también ocasiona efectos físicos nocivos en el corto plazo. El exceso de serotonina puede derivar en el llamado síndrome serotoninérgico, un estado donde  se producen alteraciones mentales y neuromusculares que conducen a confusión mental, ansiedad, frecuencia cardíaca elevada, hipertermia, sudoración extrema, temblores, insuficiencia respiratoria y renal, coma y finalmente, muerte por sobredosis.

Además, como estas drogas se sintetizan en laboratorios clandestinos, suelen estar adulteradas con otras sustancias como cafeína, efedrina, metanfetaminas,  etc., que tienen por finalidad exaltar sus efectos y bajar los costos de quienes las producen, pero que también pueden agravar las sintomatologías en caso de sobredosis.

Ante la evidente naturalización social del consumo de drogas sintéticas entre los más jóvenes, científicos y docentes debemos aprovechar nuestras clases de ciencias no sólo para educar sobre  la química orgánica de estas moléculas sino también para concientizar sobre los efectos nocivos que tienen sobre la salud de quienes las consumen y dejar en claro que acostumbrarse a su uso es jugar a la ruleta rusa. Desde nuestro lugar podemos ayudar a concientizar sobre las drogas ilegales y sus terribles efectos. Después de todo, este es un problema que nos atañe a todos.

Fuente imagen: http://www.independent.co.uk/

Acerca de Hernán Biava (29 Artículos)
Doctor en Ciencias Químicas, Docente-Coach y Periodista Científico. Se ha desempeñado como investigador y docente en la Universidad Nacional de Rosario, CONICET y la Universidad Tecnológica de Berlín. Como periodista, ha contribuido a varios blogs en español y en inglés. Ha recibido varios reconocimientos nacionales y internacionales, como el premio Enrique Herrero Ducloux de la Asociación Química Argentina y el premio Georg Forster de la Fundación Alexander von Humboldt, en Alemania. Cuenta en su haber con más de 10 publicaciones científicas en prestigiosas revistas internacionales. Apasionado por el conocimiento, la docencia y la nuevas tecnologías, se ha especializado en e-learning y coaching en ciencias.

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